sábado, 3 de enero de 2015

TODA LA VIDA RECETANDO TRATAMIENTOS PSIQUIÁTRICOS Y FUE ÉL QUIEN SE VOLVIÓ LOCO LA PRIMERA VEZ QUE LA BESÓ.

Llego  casa agotado. Hoy había sido un día duro. Tanto trabajo le agotaba y siempre intentaba que todas esas desgraciadas vidas no le afectaran, pero no lo conseguía. Sus compañeros le decían:”ya te irás acostumbrando con el tiempo”, pero aun llevando cinco años de psiquiatra, no se acostumbraba.
Hoy había atendido a varios ancianos, un joven matrimonio y un niño de siete años, Aarón se llamaba. Se sentó en el sofá  y cogió su libro preferido, Viaje al centro de la Tierra, de Julio Verne. Leyó una hora, dos, tres… hasta que se le fueron de la cabeza los problemas ajenos y se quedó dormido. Y soñó, soñó mucho; y soñó con una bonita familia, una casa en el campo… lo que él quería. Porque aunque pocos  creían, era soltero  a sus recién cumplidos treinta años, con un buen físico y un rostro atractivo. Pero su problema era el trabajo: se desgastaba mucho en la clínica y apenas salía con los pocos amigos que tenía.
Al cabo de pocas horas se despertó, se preparó y se fue al trabajo. Y así pasaban los días, el despertador sonaba y le devolvía a la dura realidad.

Un día, llegó ella. Ese día apareció una joven hermosa por la puerta de su clínica. Cuando la vio a través de las paredes de cristal que se paran su despacho de recepción, fue un amor a primera vista y entonces desapareció por la puerta de la sala de espera. Cuando llegó su turno, él estaba nervioso.
Le abrió la puerta, le señaló la silla y le dijo que se sentara. Ella se presentó. Le dijo que últimamente tenía muchos ataques de ansiedad, ya que se había mudado y no conocía a nadie. Hablaron durante un rato sobre el trabajo, la familia, la zona donde vivía… Y él recomendó que volviera a la semana siguiente para hablar de las mejoras y le recetó unos tranquilizantes.
Ese día, aunque había hecho lo mismo que los demás, fue diferente. No paraba de pensar en esa chica que volvería a la semana siguiente para ver si las pastillas le habían hecho efecto. Desde aquel día, toda su rutina cambió. Ya no era tan agotador su trabajo todo lo contrario, cada día llegaba con más ganas, esperando ansioso el momento de volver a verla. Él ya tenía un plan: le diría que volviera varias semanas y después empezaría invitándola a un café en la cafetería de la esquina, después a comer, después a cenar….

Por fin llegó el esperado día. Se despertó, se preparó como todos los días y de camino a la clínica tomó el desayuno. Al llegar, consultó la agenda para confirmar que no tenía ninguna cita después de hablar con ella. Se sentó en su silla y preparó las visitas de por la mañana. No paró de mirar el reloj hasta que llegó la hora de la comida. Comió, ordenó el despacho, conectó el despertador y esperó hasta que esa figura entró por la puerta y le saludó con la mano.

Estuvieron hablando un rato sobre las pastillas, los efectos secundarios y los ataques y él  dijo que podían seguir hablando en la cafetería de bajo, que si quería ir. Ella aceptó encantada y fueron allí.
Ella empezó la conversación preguntándole sobre su vida y él se quedó en blanco. Le explicó que no tenía muchos amigos, y entonces ella se dio cuenta de que ya lo consideraba un amigo. Se despidieron y cada uno volvió a su rutina.

Al cabo de unos días le llegó un mensaje al móvil: era ella, y le preguntaba si quería ir a comer ese mismo día. Él le contesto que sí y se preparó.
Después de comer, ella le dijo que se sentía muy cómodo con él, que desde el principio había sido muy agradable. Él le  ofreció a ir otro día a cenar por ahí y ella acepto con una sonrisa en el rostro.

El día anterior a la cita, llegó a la clínica y le dijo a su secretaria que cancelara las citas del día siguiente y le dio a ella también el día libre.

Por fin llegó el momento esperado, a las nueve sonó el despertador, se despejó y pensó en lo que haría todo el día mientras desayunaba. Iría a comprar un ramo, a la lavandería, al restaurante a reservar y volvería a casa y se prepararía. Tenía tiempo hasta las ocho, que pasaría a buscarla.

Ya en medio de la cena ella sacó el tema de las parejas. Los dos estaban solteros, eso le dio una oportunidad. Siguieron hablando y se les hizo tarde. Él le invitó a ella a seguir hablando en su casa y cuando llegaron, ella se lanzó y le besó. Él se volvió loco, tanto que no podía dejar de besarle y directamente se fueron al dormitorio.

A la mañana siguiente se encontró el lado opuesto de la cama vacío y con una nota que ponía: “Fue una equivocación, lo siento”
Y, finalmente, él enloqueció.


                                       FIN                                      LUCÍA ARAGÓN 3ºB

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