Era el primer dia de curso, y Anne solo estaría allí por 3 meses. Luego marcharía de Londres y se iría a otro país, como siempre hacía, ya que el trabajo de su padre no le permitía quedarse durante más tiempo.
Ella era una chica normal, de 15 años. Alta, delgada y morena. Siempre llevaba un anillo, lo único que le quedaba de su madre, que había fallecido cuando Anne solamente tenía 3 años. A Anne no le importaba no tener amigos en su nuevo instituto, ya que no los volvería a ver nunca más. Pero esto no ocurrió así, al cabo de dos semanas hizo un amigo, Marc, con el que tenía muchas cosas en común, quedaban por las tardes, iban juntos en el patio, en fin, que nunca dejaban de hablar. Hasta que llegó el día, ese día en el que Anne se fue. Al volver a casa, Marc se dio cuenta de que el anillo de su amiga estaba allí, en su habitación, pero ya no podía hacer nada para devolvérselo, era demasiado tarde.
En su nueva ciudad, Anne no encontró ningún amigo, encima estaba triste. Ahora si que no le quedaba nada de su querida madre.
Y así fueron pasando los años, ella y su padre dando vueltas por el mundo. Nueva York, Berlín, Kenya, Tokyo, Pekin, Finlandia y Australia.
Dos días después de que Anne cumplió 18 años, su padre recibió una llamada, tenían que irse de Australia ya que sus vidas corrían peligro porque unos mafiosos querían apoderarse del negocio de su padre y matarlos. Ya tenían el hotel reservado, su nuevo (pero no tan nuevo) destino era Londres. Anne se puso muy contenta al recibir la noticia ya que tenía posibilidades de volver a ver a Marc, y así ocurrió. Se volvieron a encontrar, esta vez en la universidad, donde los dos se habían matriculado en la misma carrera. Y allí estaba Marc, con su anillo puesto en la mano. Anne decidió que nunca más se iría de esa ciudad, y vivó allí por siempre. Su padre iba a verla cuando podía, y Marc y ella vivieron juntos. ¿Será una casualidad...?
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