miércoles, 31 de diciembre de 2014

SALTO AL VACÍO

Mañana no quiero ir a clase, sé que nadie me va a defender. Ya no puedo aguantar más”. Estas fueron las últimas palabras que Carla, una adolescente de 14 años, escribió en su cuenta de Twitter.
Hace ya casi un año de la muerte de Carla, que se arrojó a las rocas desde un acantilado de Gijón por la persecución insoportable a la que había sido sometida por sus compañeros de clase. ¿Cómo puede asimilar un adolescente las continuas burlas por parte de gente de su mismo entorno? ¿Cómo no volverse loco ante esto?
Este tipo de casos se dan por dos condiciones. En primer lugar el miedo o la indiferencia de los demás compañeros que no reaccionan ante estos abusos. En segundo lugar la actitud de los centros educativos, de los profesores y de la justicia. En cuanto a la primera, creo que se deberían llevar a cabo más campañas concienciadoras, anuncios de televisión, charlas en los institutos…. para educar con valores y respeto, que desprecien ese tipo de comportamientos y que los abusones sean vistos como seres despreciables, cobardes y ridículos. Por lo que respecta a la segunda condición creo que es el punto más importante porque si flaquea este pilar, todo se viene abajo. Por ejemplo en el caso de Carla no ha habido ni responsabilidades ni culpables porque La Fiscalía de Menores de Oviedo archivó el caso al cumplirse un año del suicidio de la niña y su familia lucha ante esta gran injusticia. En otras palabras, han mirado hacia otro lado en vez de solucionar el problema desde la raíz. Desde mi punto de vista es muy fácil ignorar el sufrimiento de los alumnos. Lavarse las manos cuesta menos que ponerse manos a la obra. ¿Somos conscientes de que un alumno prefiere saltar al vacío porque nadie le ha apoyado en su amargura?
¿Cuántos niños sufren de estos acosos y por miedo no se lo dicen a  sus padres? 
                En todos los patios de colegio han existido siempre lo matones sin falta de escrúpulos que acosan a los compañeros más vulnerables. Su diversión favorita es encontrar una víctima cercana para lanzarle burlas, arrinconarla o chantajearla.  Su principal arma no está en sus músculos ni en su crueldad, sino en la pertenencia a una manada que acorrala al que es diferente. Frente a él está la figura del acosado que tiene miedo a que sea la hora del patio porque esos minutos que debían de ser de descanso son un período de ansiedad y pánico. Mientras otros juegan, él aspira a esconderse y pasar desapercibido para no desencadenar la tormenta. 
                Cualquier excusa es buena para el acoso: que alguien use gafas o lleve aparato en los dientes, que tenga acné o calce un número muy grande de zapatos, que sea gordito o muy flaco…  En la actualidad el punto de mira de los acosadores se ha ampliado. Sus objetivos son muy diversos porque, según ellos, te pueden discriminar por cualquier cosa que les parezca ridícula.  Sus víctimas pueden ser desde una chica que le gusta un determinado grupo de música, pasando por un compañero de clase un poco afeminado, hasta no llevar zapatillas de marca. Como consecuencia de esto yo me pregunto…. ¿podemos ser nosotros mismos sin miedo al qué dirán los demás? O ¿es mejor gustar a los abusadores para no ser una marioneta en sus manos?
                Desgraciadamente la intimidación no se limita al patio del instituto, la angustia acaba de empezar. Hay otro tipo de acoso llamado bullying electrónico que consiste en burlas o chantajes a través de internet y las redes sociales. El acosador acecha a su víctima con insistencia, como un cazador lo hace con su presa. Los psicólogos expertos en el tema afirman que el anonimato que proporcionan las redes sociales hace más fuerte al perseguidor.
                La otra cara de la red nos muestra algo más esperanzador. Una plataforma online para la prevención del suicidio por bullying llamada “It Gets Better España”. Se basa en una herramienta online donde niños y adolescentes, que sufren acoso, pueden acceder a una red de personas supervivientes de bullying. Este proyecto nació en EEUU con el objetivo de frenar la ola de suicidios de niños víctimas de acoso escolar, sobre todo de carácter homófobo. Gracias a este proyecto esperanzador otras víctimas como Sergio, Claudia o Nerea han podido escapar del abismo y caos en el que vivían. Todas ellas han sido protagonistas de la misma historia: acoso, abusos, agresiones, insultos… que les llevan a sufrir una depresión y en algunos casos la desesperación que sufren les lleva al suicidio.
                En el fondo solo hay dos tipos de personas: las que aspiran a dominar y ganarse un lugar de poder en el instituto, y otras que piden a gritos que se las deje en paz. El objetivo del centro es observar y retener al matón de turno y tener unas normas que lo frenen.
Pienso que aunque se trate de un asunto de niños, no es un problema pequeño para ignorarlo ni para tomarlo a broma. Que se eviten estos problemas en edades tempranas es una garantía de convivencia para el futuro, ya que el miedo y la angustia también caminan en pantalón corto.

                                                                                                                                             Irene Pérez 1ºC


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