el asno se paró y le suplicó al caballo: "Amigo, ayúdame. por lo que más quieras, lleva tu una parte de esta pesada carga". Pero el soberbio caballo ni se dignó a escuchar a su compañero de viaje y siguió adelante como si nada. Unos metros más allá, el asno cayó al suelo exhausto, casi sin respiración, y falleció a los pocos segundos. El dueño, enfadado por aquel contratiempo, puso toda la carga sobre el caballo incluida la piel del asno, que desolló allí mismo, y montó para continuar su viaje, El caballo, lleno de rabia, comentó. "¡Qué mala suerte tengo!". Por no querer ayudar a mi amigo el asno ahora me toca llevar toda la carga a mí solo.
Siempre hay que tender la mano a quienes piden ayuda. De no hacerlo así, el problema puede acabar siendo nuestro.
Carla AnaMaria Tilica 3-B
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