Erase una vez un perrito que paseaba por las calles de un pueblo y siempre se paraba curioso ante una casa abandonada. Un día, decidido a investigar, entró dentro y recorrió la enorme mansión de punta a punta. Cuando llegó a la buhardilla, empujó la puerta semiabierta y vio que había 1.000 perritos observándolo tan fijamente como él a ellos.
El perrito comenzó a mover la cola y todos los demás perritos hicieron lo mismo; ladró alegremente y cada uno de esos simpáticos animales le devolvió el saludo. Cuando abandonó la casa pensó: "¡Qué lugar tan agradable, vendré más a visitarlo!".
Días después otro perro callejero entró en la misma casa, pero a diferencia del anterior, se sintió amenazado cuando los 1.000 perritosle lanzaron una mirada de desafío. Cuando él les gruñó, los otros le devolvieron el mismo gesto. Mientras salía a la calle, pensó:"¡qué horrible lugar, jamás volveré".
Encima de la puerta de la entrada a la vieja mansión había un letrero que decía: "La casa de los 1.000 espejos".
A menudo nos sucede que el mundo nos devuelve lo que proyectamos al exterior: si encaramos la vida con una sonrisa, los demás nos devolverán esa misma sonrisa, pero si mostramos nuestra peor cara, ésa es la que veremos en los demás.
Carla AnaMaria Tilica- 3-B
¡Me encanta, Carla! Tu reflexión es muy acertada.
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